martes, 8 de julio de 2025

María de la Luz

Hoy volví a soñar con ella,
era de noche en Veracruz, en mi casa.
No sé si todo estaba bien, ella estaba bien,
todo estaba bien.

En el pasillo, su cabello chino, a mi edad.

No debería ser extraño admitir
que necesito tiempo juntas, 
nadie entiende, no como tú.
Déjame contarte y que el sueño dure

Se fue sin voltear, ni verme.

Estoy en el mar, en mi propia barca.
Una ola me elevó, se rompió, me sumergí
respiro sin sonreír, mis pies sienten la madera.
Llueve y remo hacia el faro empañado a lo lejos.

La Ausencia es un remolino, una ceguera, tormenta.
La Luz llena esa oscuridad, cubre, es una melodía.

Le diría que con el tiempo entiendo más su dolor.
Que siempre quise alegrarla, que no pude salvarla.
Que lo sigo intentando, que no puedo y no puedo,
pero no se suponía que yo tuviera que hacerlo.

Cuando el sueño en casa estaba por terminar,
Mi camino tomó una dirección distinta a la tuya, María.
Pensé en escribirte rápido mientras aún podía,
Contarte todo y decirte que te quiero; o no despertar.

Vi su cabello alejarse.

En cada barca sólo hay lugar para dos, tú
y la Ausencia, o tú y la Luz. Como un fuego
en el faro lo vi; me cuesta aún creer que no se irá,
que Él es y no yo quien salva del dolor, de la ansiedad.

Mi dolor y el de los demás.

El día durante Julio dura más de lo normal.
Mientras subo por las escaleras, escucho el mar,
siento el sol, veo en el horizonte lo que está por llegar.
Limpio el cristal de este faro, me mantengo llena de sal.

En el fuego, en las olas, en el viento. En la noche
este fuego es mi puerto y puesto; me llama Lucía.
La Luz de este faro no es mía, yo soy de la Luz,
Ella también. Pero yo sigo aquí, aún estoy aquí.

Abre los ojos. Va a amanecer.

jueves, 3 de julio de 2025

Correctamente normal

Callé, para medir lo imposible
Olvidé escribir, mirar claramente
Saber lo que sé.

Siempre a otro ritmo, fingiendo.
Ser lo correcto, ser lo normal.
Pero es evidente.

Ya le di todas las vueltas, lo intenté, lo solté.
Aquí sigo, viva, cada rato es una decisión.
Pero es otro el ritmo, otra la canción.
En la oscuridad de lo incierto nunca seré lo correcto.

Tú quitaste lo que me ataba hasta aquí
Tu luz no calla, todo es posible.
Ayúdame a escribir otra vez, a ver.
Lo que se que tus ojos cuentan.

Mis manos cantan al ritmo
De una lámpara ardiendo
Me hiciste para lanzar flechas al blanco
No para ser correctamente normal.



Videodanza en Belleza Americana. Imagen-Movimiento

“There is an entire life behind things. And this incredibly benevolent force that wanted me to know there is no reason to be afraid, ever. Video is a poor excuse, I know, but it helps me remember. I need to remember. Sometimes there is so much beauty in the world I feel like I can´t take it. And my heart is just going to cave in.” Ricky, personaje de American Beauty (Ball, Mendes, 1999).

Deleuze habla sobre tres teorías de Bergson del movimiento en La imagen en movimiento (1984). 

Este ejemplo de la escena de la bolsa danzando en American Beauty, con el apasionado diálogo de Ricky, hace referencia a la primera teoría de Deluze, la de imagen-movimiento. 

“El movimiento no se confunde con el espacio recorrido. El espacio recorrido es pasado, el movimiento es presente, es el acto de recorrer.” (Deleuze, 1984, p. 13).

Esta escena es un pequeño filme dentro del filme sin inicio y sin fin claro, en ella se distingue el devenir expresado y percibido en la bolsa y la contemplación calmada de Ricky y Jane. 

Es un momento de electricidad en el aire, que Ricky decidió grabar durante quince minutos para recordar la belleza que se muestra ante él como imagen-movimiento. Lo que Ricky comparte en esta imagen con su imagen-afección, es belleza en movimiento. La escena dentro de la escena no tiene narración y lleva a los personajes a solo sentir la imagen movimiento mirando la esencia de la bolsa y del viento en el movimiento de la bolsa y de la luz. 

Iniciamos viendo algo común, pero terminamos la escena viendo lo que no conserva en común con el conjunto de escenas, la esencia de la belleza la encontramos en una escena dentro de la escena, oculta, pero mostrándose ante Ricky y Jane en el movimiento puro que es como cuando, como diría Deleuze (1984), la fuerza de las escenas “se ha consolidado.” (p. 15.) Y no es por nada que esta escena sucede casi exactamente a la mitad de la película. 

En esta escena podemos apreciar el movimiento “el paso regulado de una forma a otra, un orden de las poses o de los instantes privilegiados, como en una danza.” (Deleuze, 1984, p. 17.) Y es así como danza la bolsa en el aire en un movimiento por movimiento, que lo lleva a reflexionar en la vida que hay detrás de las cosas, en una fuerza superior, y en la belleza que se encuentra en los instantes privilegiados singulares que pertenecen al movimiento. 

La bolsa gira sin un anclaje y su intencionalidad segunda es meramente la belleza. 
 
Esta escena es como afirma Deleuze (1984), capaz de acercarse a lo percibido y a lo percipiente, al mundo y a la percepción. Es casi hipnótica y posee su propio ritmo dentro del resto de la película. 

La luz también juega una parte fundamental en esta escena porque como afirma Deleuze (1984), en la imagen-movimiento hay tan sólo figuras de luz y la bolsa giraba sola en el aire electrizante antes de ser vista, hasta que la luz fue detenida y un ojo la grabó por ser una imagen luminosa en sí misma. “La fotografía estaba tomada ya, sacada ya, en el interior mismo de las cosas y para todos los puntos del espacio...” (p. 93.) Pero el ojo de Ricky es la conciencia, la opacidad que hace que se revele. (p. 94.) 
 
La imagen viviente: La imagen-movimiento es la bolsa misma, la cámara de Ricky nos invita a contemplar las hojas y el viento, esta imagen introduce un estímulo y respuesta en Jane; nosotros contemplamos al mismo tiempo la imagen viviente de los dos contemplando la imagen movimiento.

“Las imágenes vivientes serán «centros de indeterminación» que se forman en el universo acentrado de las imágenes movimiento.” (Deleuze, 1984, p. 95.) 
 
Es en ese espacio donde se da la definición de la afección en la que Deleuze (1984) cita a Bergson “«una especie de tendencia motriz sobre un nervio sensible». (p. 100.) y es en esta imagen de cine experimental donde en esa recreación de imagen movimiento donde surgen la imagen-percepción en el conjunto de los planos, la imagen-acción en el plano medio y la imagen afección en el primer plano, que justamente está colocada a la mitad de la película Belleza Americana, como un testimonio de la belleza, de lo poético, de lo que en la cotidianidad tiene aura; para como menciona Deleuze (p. 107.) darnos la lectura de todo el film en su conjunto.

Bibliografía. 

Deleuze, G. (1984). La imagen-movimiento: Estudios sobre cine 1 (J. Vidal, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1983)
Ball, A. (Guionista), & Mendes, S. (Director). (1999). American Beauty [Película]. DreamWorks Pictures.


martes, 13 de junio de 2023

Simple

Elevé torres oscuras de obsidiana
Escondí los diamantes que recibí
Me lancé despierta desde lo alto
Con las manos apretadas, de boca al viento.

El paisaje lucía verde a lo lejos
la tierra parecía suave y cerca
cada vez más cerca
Delante de mí.
No

Despertar es cosa de meses, de años,
hay quien no despierta jamás.

Las torres se estrellaron
Me llovieron encima, como vidrios
Los diamantes se derramaron de mis manos
Se sembraron, murieron, germinaron
Se volvieron como flores, como estrellas.

Seguí su rastro. El suelo
Y el cielo se juntaron.

Entre los escombros veo un rincón intacto
Un jardín, donde con ojos entreabiertos por la luz
Recibo la brisa de una cascada, no la puedo detener
No quiero detenerlo. Una cascada, una luz, querer.

En secreto, con susurros ahí lo confieso
Que he deseado tantas veces dormir
Que a veces no sé cómo vivir.
Debo, sentido, deber.

A veces mi alma me abraza, me aprieta el cuello
Me llena de cenizas los pulmones, de toser.

Sueños, recuerdos, deleite.
Entierros, sin certeza, con dolor.
A veces. Me hace falta. Me falta.
Siempre. Nunca. No está nunca más.

No soy lo que temía, no soy lo que creían.

La brisa se ha vuelto una nítida nube
La lluvia es torrencial
La tierra respira, las flores crecen
Las gotas arrastran mis cenizas.

Viento, luz, cascada. Estoy despierta.
Con certeza hay alguien más aquí.

Alguien que me ve. No soy alta.
No soy de obsidiana, soy humana
Vivo sin ayer, cargando ayer
Con mañana, pero sin el día de ayer.

A penas ayer, el hambre de un nombre
que ya nunca podré visitar ni conocer.

Una pena, un dolor, una duda.
Alguien que Es, es El que Es. Él me ve.
Es lo que no tenía, lo que me hace falta. Es suficiente.
Su amor no ama alguna cosa de mí, me ama a mí.

Alguien puede demoler los oscuros muros.
Los fríos y cortantes espejos donde me escondí. 

Amarlo es tener confianza.
Yo estaba en la cornisa, como un equilibrista.
Ahora estoy en un salvaje jardín. Soy un árbol que
Extiende sus raíces y sus ramas. Floreceré junto a las aguas.

Él Es. Siempre. Él me ve.
Simple, yo soy simple
Él es Dios.



jueves, 30 de marzo de 2023

Themes behind the stage/Themes beyond the stage

Eres una fiesta, un beso, una sonrisa.
Un atardecer en el mar bailando tú y yo
descalzos donde las olas acarician nuestros pies.

Para ti tengo en mis manos el tiempo sin sombras
en mis labios una caricia que dice tu nombre.

Eres una orquesta de noche bajo las estrellas
Un bosque pintado sobre un lienzo
Donde con su vestido negro, una mujer baila tango.
 
Blanco es el tono que refleja la luz, pero mi piel
es transparente cuando con tus ojos y tu sonrisa
intuyes los secretos que guardo solo para ti.

Yo soy un beso de sol en tus párpados, el amanecer
un sorbo de café que te da calma y te despierta.

Tú eres el tema recurrente de la primavera
de la lluvia una melodía que me guía a conocerte
tan vívido como un sueño, tan dulce como la vigilia, tú.
                                                                                            El final

Eres un silencio, un dolor, una ausencia.
Un atardecer en el umbral, mirándonos
descalzos donde las caricias se acaban por siempre.

Sin ti tengo en mi pecho tanto tiempo y sus sombras
en mis labios un secreto que repite tu nombre.

Eres un silencio de noche bajo la neblina
Un laberinto que ocultó el mapa
Donde sin tu abrigo negro una mujer baila, recuerda.

Blanco es el tono que refleja la luz, pero mi piel
es transparente cuando sin tus ojos ni tu sonrisa
brilla aunque no descubras todo lo que era para ti.

Mis besos no vieron ni verán en tus ojos amanecer.
Tomo un sorbo de café, tendré calma, despertaré.

Tú olvidaste quien fuiste y otra vez es primavera
la lluvia y su melodía me alejan cada vez más de ti
tan cierto como un sueño que se va, tan ajeno a mis días, tú.

martes, 8 de junio de 2021

Un ave roja del sur


Te busqué en todos los demás

Las lunas de tu mirada

Un café por la mañana

Tu calma al atardecer.

El río, la selva, una casa.

 

Lluvia

Esa tierra, la que es tuya

Me la quise arrancar, o volver

Para reconocerte una vez más bajo la lluvia,

Como tú a mí, entre la gente.

Ya lo recordé tantas veces, que llovía. Que te vi.

 

El sur

Eres un ave, un ave roja.

La cadencia de tu voz

Me la trae el viento,

La eterna primavera, su aroma a fruta fresca.

Atraviesa ríos, atraviesa montes

 

Me atraviesa el tiempo,

Me atraviesa el silencio,

Me atraviesa la distancia.

Decir que me marchaba.

 

Norte

Usted es un ave roja

Y yo la niña que se volvió mujer 

Mirándolo desde esta ventana.

Con la lluvia, con mi canción, con su poesía.

Estoy lejos de usted, estoy cerca de mí.

 

Saudade

Antes de soñarlo por última vez,

Deseé un continente sin distancias,

donde el arte fuera suficiente.

Para mirarse otra vez en mí y yo en usted.

Pedí tres días de verano.

 

Y desperté.




martes, 26 de mayo de 2020

Una historia mitad cierta. Parte III. USTEDES.

Luciana cantaba en la cocina al amanecer, la misma cocina pero iluminada por una luz rojiza que nacía en la ciudad y se colaba por la ventana; un aroma a pan de canela que salía del horno inundó su departamento de la Colonia Condesa; el tiempo pasaba plácido como pasa cualquier Domingo, hasta que la máquina intertemporal aterrizó contra el piso de su sala; en el interior, la pareja de viajeros perdió el conocimiento por un momento.

Luciana, una joven de ojos entre verde y amarillo, casi dorados, imposiblemente parecida a Blanca, se asomó por el cristal, los viajeros reaccionaron al mirarla, su blusón era de un material refulgente y sedoso que reflejaba parcialmente lo que había frente a ella, en este caso el rostro de Ernesto y Blanca, dos jóvenes enamorados de fines de los 70 en el siglo XX, estrellados en su sala. 

La puerta de la máquina se abrió y después de segundos eternos contemplándose mutuamente, Ernesto recobró el aliento y habló. -Soy Ernesto, ella es Blanca ¿Qué año es?

La joven los miraba pálida y sin poder hablar. Un hombre alto y delgado se acercó asombrado mientras su hermana contemplaba fijamente a Blanca con asombro, sus manos, sus ojos, las pecas y su pelo rojo tan ondulado como el de ella; un parecido asombroso, y esa pulsera idéntica a su propia pulsera que brillaba verde incrustada de jade y un rubí en su muñeca. -Soy Luciana, él es mi hermano Miguel, hoy es primero de Septiembre, dos mil ochenta y ocho.

Luciana y Miguel extendieron sus manos hacia Blanca y Ernesto -¿De dónde vienen? Preguntó Luciana. Blanca y Ernesto tomaron la mano de sus bisnietos para abandonar por menos de 24 horas la máquina.

En el desayunador de la cocina, Luciana, bañada de lleno por la luz casi rosa y cálida del sol, encendió la cafetera. Ernesto y Blanca contaron cómo su obsesión por la ciencia y el tiempo los llevó hasta ahí. Miguel sirvió el café, a todos les gustaba igual, sin azúcar, con canela. -¿Qué pasó con la atmósfera, es seguro salir? Preguntó Blanca. Luciana abrió la ventana y miró las nubes con calma.

Miguel levantó su mirada oscura para clavarla en los ojos de Blanca y respondió -En 2060 una cepa de los virus que azotaron el planeta desde el veinte-veinte, acabó con una cuarta parte de la humanidad, este virus afectó no sólo a la población de la Tierra, los pioneros de la Luna lo adquirieron y de alguna manera el virus llegó a sus suelos y mutó, dañando la relación magnética de la Luna con la Tierra, que se volvió una amenaza para la vida como la conocemos. Mi hermana trabaja en un laboratorio que buscaba soluciones para este y otros problemas, ella se los podría explicar mejor pero no le gusta mucho hablar de esto.

Luciana sacó del horno el pan de canela y lo repartió mientras terminaba su parte de la historia.

-Descubrí un componente en las piedras rojas de la pulsera que me regaló mi mamá, esta pulsera se la dio su papá, era de mi abuela Julia; la pulsera pasó de generación en generación hasta llegar a mí. Todos la preservaron por que tenía una extraña cualidad en su brillo, una conexión, según decían, con el corazón de su dueño. No sé dónde empezó todo, era igual a la que tienes tú en el brazo izquierdo. Blanca miró su pulsera que se veía un poco opaca después del viaje.

-El asunto. Continuó Luciana -es que la solución al problema del magnetismo siempre estuvo ahí, ya no se encontró más de este material para su extracción en ningún lugar, y todos los que tenían algo de esta piedra lo escondieron por miedo a perderlo. Finalmente entregué todas las incrustaciones de rubí que había en mi pulsera con la esperanza de que fuera suficiente; entregué todas menos esta, para recordar. Dijo señalando el único rubí en su pulsera reluciente de jade. -El campo que generamos para proteger la atmósfera está hecho con los componentes de esas piedras rojas, y ahora el amanecer se ve así por eso. Luciana dio un sorbo a su café y probó el pan.

Miguel concluyó -Por ahora es seguro salir a las calles sin protección en este país, no sabemos hasta cuándo. Sólo sé que esto que cualquiera pudo haber olvidado o escondido para siempre, llegó de generación en generación desde no sé quién hasta nosotros, y salvó al mundo.


Después de recolectar evidencia y reparar la máquina de viaje, pasadas 23 horas en el futuro, Blanca y Ernesto estaban listos para regresar a su época.


Ernesto y Miguel hablaban antes de despedirse, Luciana se acercó a Blanca -Tú eres la primera dueña de la pulsera ¿verdad? Eres mi bisabuela. Blanca, miró en los ojos de Luciana una mirada como la suya, contempló la pulsera ahora repleta de piedrecitas verdes reposando en su muñeca, y sintió algo que nunca imaginó que pudiera sentirse; Blanca pensó en las cosas que acababa de ver suceder para que la historia ocurriera, para que Luciana naciera. Blanca asintió en silencio, y contuvo sus ganas de llorar. Las dos se abrazaron.

Ernesto y Blanca, dentro de la máquina y sin decir una palabra, se prepararon para viajar de regreso.

Mientras veían toda su historia pasar en reversa, Blanca recordó las últimas palabras que Luciana le dijo, las mismas que según contó, le enseñó el abuelo a Sofía, su mamá.

"La fe opera en lo imposible.
La esperanza ve lo que no es como si fuera.
Cada decisión puede revivir lo que parece muerto.
El amor permanece 
hasta el final."

Ernesto y Blanca llegaron a su año sin lograr detenerse, rebotando un año atrás, a la tarde de verano en que se conocieron; la máquina explotó desvaneciéndose en el tiempo y lanzando a Ernesto y Blanca al lugar donde les correspondía estar el mismo día de la convención de ciencias, donde los ojos de Blanca buscaron entre la multitud el rostro que amaba, encontrándolo por primera vez, otra vez descubriéndola a ella, de frente, a lo lejos, con toda la gente que iba y venía, sonriéndole a él.

Blanca y Ernesto se veían nuevamente por primera vez, sin pulsera roja, sin historia, ninguno de los dos era lo que podría ser; con todas las mínimas decisiones posibles al frente.

Los dos a lo lejos, sonriéndose con complicidad, se miraron fijamente hasta quedar serios, casi tristes.

Ernesto le hizo una pequeña señal a Blanca. Ella suspiró y miró hacia la ventana, viendo las nubes pasar, y luego a los ojos oscuros de Ernesto, que tenían una interrogación. Blanca contuvo la respiración frente a esa mirada, y asintió con la cabeza. Ernesto sonrió, asintiendo también. 

La multitud y las ocupaciones se mezclaron entre los dos, que esperaron hasta el día en que por primera vez, otra vez, ella entraría a la oficina de él, con sus ojos de sol, abriendo una puerta que nadie podría cerrar.
 FIN.